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Blogs que sigo

Delia Esther Fernandez

LA SOMBRA.

 

La sombra se proyecta sobre el camino largo,

 se estira en la indolencia de las horas sin prisa,

retrocede medrosa bajo mis pies, sumisa,

esclava del sol amo de la luz y el letargo.

 

Cuando desaparezca de su fin se hará cargo

 la noche que es la dueña del frío y la ceniza.

Solo un gorrión humilde bajo de una cornisa

y en la quietud hostil solo un pesar amargo.

 

Al final de mi vida brotarán los recuerdos

y la sombra se irá junto a mis sueños cuerdos

para vencer el miedo que a la razón se aferra.

 

Y en la huesa insaciable que a todos nos aguarda

con sus fauces abiertas, invencible bastarda,

se fundirá conmigo cubierta por la tierra.

 

DESDE EL OCASO

 

 

(Tercetos Alejandrinos encadenados)

 

En el ocaso miro la vida que atardece

y desde sus albores me llama la memoria,

en azules y grises el pasado se mece

 

entre nanas de abuela, las que alumbran mi historia.

Una infancia encantada con ogros y princesas,

 una niñez muy sola, la fortuna ilusoria

 

de poseerlo todo: los mimos, las tristezas

y el soliloquio ingenuo de mi primera edad.

Llegó la adolescencia, rubores y promesas,

 

se embriagó en sentimientos el alma en soledad.

Aduve los caminos, transité desengaños

 Llegó el amor sincero. Con la maternidad

 

se colmaron espacios, escalé los peldaños,

maduré en los dolores que me asignó la vida.

Y con cada uno de ellos se me fueron los años.

De todo golpe pude resistir la embestida,

 

con color esperanza completé la paleta

con la que pinto a diario versos en mi guarida

y para hacerlo quiero llegar a ser poeta.

 

 

Y TÚ, MI NIÑA, TAN SOLA.

 

 

Mientras caía la noche,

noche de lobos en celo,

vi tu figura en la bruma,

sentí el soplo de tu vuelo

rozar mi rostro de asombro

y enredarse en mi pañuelo.

Huía la luz entonces,

la sombra cubría el suelo.

Mientras caía la noche

sentí el soplo de tu vuelo.

 

El marco de tus cabellos,

de tu rostro la aureola,

la oscuridad de la noche

te envuelve como una estola.

Estabas quieta entre tules

debajo de una farola.

El misterio del instante

y tú, mi niña, tan sola.

El marco de tus cabellos

te envuelve como una estola.

 

De ensueños vistió el paisaje

que tu belleza perfuma.

Te miré a través del tiempo

jugando en la blanca espuma.

Leve y suave tu perfil

ligero como una pluma.

Y del fondo de la nada

tu recuerdo que sahúma.

De ensueño vistió el paisaje

jugando en la blanca espuma.

 

Acurrucada en las sombras

como si fuera una cuna,

entre sábanas de olas

te llevó en andas la luna.

Cortejo de nubes grises

y una guitarra moruna

y tú, mi niña, tan sola,

tan bella como ninguna.

Acurrucada en las sombras

te llevó en andas la luna.

 

Delia Esther Fernández Cabo de Hernández, Uruguay

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