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Carta Lírica Digital FH año II Nº. II

Bohío cubano

laúd

 

Rio San andres

El río San Andrés, el Laberinto, Unión de Reyes,

Yo también tengo mi río
que se llama San Andrés;
quizá profundo no es
como el tuyo, ¡pero es mío!
Cercano tuve un bohío
junto a una mata de güira,
donde templaba mi lira
con armónicos derroches
y le cantaba en las noches
décimas a mi guajira.

Francisco Henríquez

MI RIO

El Río Santa Lucía
viaja entre arenas, barrancos,
entre talas, coronillas,
arrayanes perfumados,
ñangapitrés florecidos
y sarandíes elásticos.
Abriéndose en flores tiernas
el ñapindaá- uña de gato
rodea el tronco del sauce
que lo envuelve con sus lazos.
Gorjea el río en los trinos
primorosos de los pájaros:
contrapunto de calandrias
desde el camará violáceo
con el zorzal silbador.
El agua pasa cantando.

Delia E. Fernández

ESCRITO EN LAS ARENAS

I

No la he visto.Se hace lejos
su risa desparramada
siempre fruta,encaramada​ ​ ​ ​ ​ ​ ​ ​ ​ ​ ​ ​ ​ ​ ​ ​ ​
al buque de los espejos.
Se pierde en los catalejos
con un retazo de tarde
que fue máscara cobarde
en un pez de ojo suicida
donde la luz de la vida
es un misterio que arde.

II

No la he visto.Ya no está.
Su voz de cabello largo
camina sobre el amargo
sonido que se me va.
¿Qué aguacero tallará
acordes en la madera?
¿No sienten llorar la hoguera
que anuncia que una gaviota
posada en la brisa rota
pica un recuerdo de cera?

III

No la he visto.Tiene miedos
de invisible regresar
con las edades del mar
a la arena de mis dedos.
Ha crecido en los enredos
de algún pasado fantoche,
gota de luna,derroche
de tantas ventiscas viejas,
duende gris de las abejas,
mi nube.Gajo de noche.

Jesús Álvarez Pedraza

Verano…Estío…

I

Verano,  estío,  flores;
aire templado,  lento;
celeste firmamento;
explosión de colores.
Osados, retadores…,
los ríos caudalosos
discurren  afanosos
hacia el lejano mar,
para, al mismo, entregar
sus  aguas, generosos

II

Mediodía de estío…
Se derrite el asfalto;
el sol luce en lo alto
cual fulgente navío
Se escucha el  vocerío
de una afanosa trilla
que a la rubia gavilla
tritura, resquebraja…;
que  separa la paja
de la oronda semilla.

III

Medianoche de estío…
La nocturna cigarra
rasguea su  guitarra
con  monótono  brío
En  el espejo pío
de la quieta laguna,
desde la  alta tribuna
donde el  éter suspira,
su  claro rostro mira
la silenciosa Luna.

Noches de verano…

Me fascinan las noches de verano;
las  noches  apacibles,  vaporosas…,
en que pasean  y hablan  de sus cosas
los amantes, cogidos de la mano.

Las noches en que el mítico oceano
suave impulsa sus olas perezosas
y  emite ondulaciones luminosas
la Luna desde su  ápice lejano.

Pues hay en los crepúsculos  de
tal   voluptuoso y terso desvarío
que fuerte hace latir, los corazones…

Y  es tal su son templado y melodioso,
que su acento sereno y misterioso
imitan , con  su  canto, los pinzones.

Agustín  Delgado Santana.

       

       En la playa

Un inmenso lucero
cruzó la noche y cayó
en la fría ciudad.
En la playa seca y vacía
sueño a la merced del viento
y del frío.
Una vez he sido sirena
despreocupada y dulce
paseando por los océanos
en donde bosques de peces bravíos
crecían como secretos
como imágenes que permanecerían
invisibles con su hermosura
y esplendor.

Ahora nada más soy
que el sueño de alguien,
un duende de agua y de palabras
entre el mar y el miedo,
luces y sombras y
algunos rayos de luna
sin destino propio.

Teresinka Pereira

Soneto más que soneto

Nos dirán que el humano puede  todo;
¡no es así!, nos engañan cual bellacos,
nos podemos fumar  buenos  tabacos
y  luchar por la vida codo a  codo.

Sabremos de la vida, del buen modo,
al mirar por cristales nada opacos
para seguir los ritmos más cardíacos
reflejado en papel por su electrodo.

El hombre tiene sus limitaciones
ante grandes empresas de la vida
porque existen distintas posiciones.

Ventanales que son una salida
por donde volarán las emociones
antes de afrontar la despedida.

Mª. Jesús Lozano Cáceres

PARA SENTIR SU NOMBRE

(A él que decodifica cada momento nuestra poesía,
nos ayuda a buscar la palabra como leche que alimenta los pasos).
El padre de los versos trasciende la neblina
busca el eco sublime de los amaneceres,
da su luz desde el alma
con la voz transgresora.
Sube por la pendiente de los humanos árboles,
tiene el don de escuchar la cruz de las palabras,
los traumáticos gritos de los poetas ungidos,
descubrir desde el verso el imán de la leche,
ve los labios que duelen, el ojo que avizora
un mundo turbulento de la muerte a la vida,
sacude ese misterio de piedra, luz y astros.
El padre de los versos, tanto que nos conoce,
que nos pasa la esencia en sus granos de azúcar,
vivifica los ojos de nuestra gran locura.
Sabe nuestros dolores, la carga del madero,
la lluvia que no cesa de parir las palabras.
Él sabe que dormimos entre el agua y el fuego,
entre el llanto y la risa como esponja de nube.
Estos humanos árboles van por sus manantiales
el Padre de los versos es luz en el camino.

Odalys Leyva Rosabal

Como los viejos valses

De súbito el relámpago que antecede al estruendo
quiso cortar de un tajo la tregua planetaria
y así desenganchar la ofrenda del chubasco
en la arcilla caliente de las reminiscencias.
Y en las fotografías escavadas con túneles
que cierta vez cruzaron los trenes del deseo
la sabia de los niños regó voz de verano.
Y era por la inclemencia de las tardes zanjadas
con la germanización de los blandos insectos
que los carpelos rubios aún bajo las guácimas
coloreaban de luz espiras de relámpago.
Debimos escapar de la fotografías
y aparecer en Suecia, en Austria, en cualquier parte
adosados al plan de una historia cualquiera
como Alicia furtiva convertida en ganzúa,
por el ojo sagrado de alguna cerradura_
Allí giran fallebas como los viejos valses
con sus giros graciosos tiernas caricaturas
o como rueda el ojo por la senda del polvo
en la interpolación de los bajorrelieves.
Debimos escapar al pozo de las llaves
y amanecer en Viena con sus fotografías
desteñidas y sucias como los viejos valses…
como los viejos valses
tres tiempos de un compás
amodorrado.

María Eugenia Caseiro

POEMA EXALTADO

Qué te pasa poeta con las dudas
que al crecer de la vida, te devoran?
Ya no juzgas la caricia de las putas
ni el impío dolor de la señora
que alguna vez se queda viuda
y usa sólo un ojo cuando llora?

Qué los parió a los gatos
que acarician las piernas con su cola!
Me agobia el niño que al encargo
viene a pedirte sumiso la limosna.
Me revienta la rubia cincuentona
que aparenta disfraz de mocetona.

Qué te pasa poeta, ya no escribes
de la memoria, la nostalgia y el amigo,
ni del recuerdo del comienzo que te inhibe
por el apuro genital, definitivo?
Arrinconaste la quimera que buscabas
en la torpe estampa del olvido.

Qué te pasa poeta, ¿no aprendiste?
La promesa es cuestión desvergonzada
y la limpia sonrisa ya no existe,
fue aflictivo tempesteo de un verano,
necesidad de que el otro satisfaga
su ego tan ridículo y humano.

Norberto Pannone

CENTRO CULTURAL Y CARTA LIRICA F H

Carreta de los Henríquez en la finca El Laberinto

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